27 de febrero de 2012

Los tontos de los pájaros. De la incomprensión a pilar fundamental en la estrategia de promoción turística de Extremadura

Salía de casa con el acostumbrado "¡me voy al campo!". Pero... ¿otra vez al campo?. ¿Y a qué campo?. ¡Pues al campo!. Pero, ¿qué hay en el campo?. ¡Pues, pájaros!. ¡Este muchacho tiene pájaros en la cabeza! (y nunca mejor dicho).

La envergadura del buitre negro o el vuelo de los vencejos y su prodigiosa habilidad para huir de las tormentas o dormir en pleno vuelo, ocupaban mis conversaciones adolescentes. Por entonces, mi carácter un tanto introvertido parecía ir cogido de la mano con la tontería esa de los pájaros. "No sé por qué, pero a los "chicos raros" de los pueblos, sí, esos chicos callados, suelen gustarles los pájaros", comentó un día mi padre cuando salía de casa sin entender muy bien a qué venía tanta pasión por las aves y viendo en ello un problema o una rara enfermedad.

Mis tonterías con los pájaros se hicieron un tanto trágicas el día que una chica despechada por mi indiferencia me espetó: "¡a ti sólo te gustan los búhos!". Ese día tomé conciencia de que, efectivamente, debía ser un "rara avis". Pero poco me importaba.

Buitre leonado (Gyps fulvus)
Dehesa de Gorbea


En aquella época, todos los chavales con la misma tontería en la cabeza queríamos parecernos a Félix Rodríguez de la Fuente. Comprábamos sus cuadernos de campo e intentábamos imitar su estilo tan personal de gran comunicador. Nuestras libretas de campo se llenaron de observaciones y dibujos más o menos afortunados, con una profusión -a veces desmedida- de anotaciones convertidas muchas veces en pura poesía. Y no era para menos. El vuelo de cientos de miles de palomas torcaces que, de amanecida, salían de los eucaliptales de la Sierra de San Pedro formando negros nubarrones, el trompeteo grave de las grullas que se alimentaban en las dehesas envueltas en brumas o la imagen de una cigüeña negra silbando sus amores de negro, púrpuras y escarlata sobre la poyata de pizarras de un ribero del Tajo nos causaba un tremendo impacto.

Muy pocos entendían que me gustaran las aves. Y cuando alguno parecía comprenderlo, su interés no iba más allá de los canarios, las tórtolas o los periquitos que cuidaba en casa, cuáles eran para mí las aves de tiro más bonito (tiro de escopeta, se entiende)... "a mí me encanta el vuelo de las fochas, verlas salir así correteando sobre el agua... tienen un tiro muy bonito", o dónde ponía las redes japonesas para capturar pequeñas avecillas de jaula.

En aquellos tiempos, resultaba muy extraño ver en el campo a un muchacho con unos prismáticos. Era algo mucho peor que llevar una escopeta, muchísimo más. ¿Qué estás "registrando"?, me preguntaron un día mientras observaba unos nidos de cigüeña blanca. Para un cazador, la simple presencia de alguien con unos prismáticos resultaba algo amenazante. Tanto es así, que estando en la cola del embalse de Valuengo, allá por el año 1994, ví a un personajillo de estos de mentalidad medieval disparar sobre una garza real. El pobre animal cayó malherido al agua y lo remataron desde la orilla. Acurrucado, muerto de miedo y oculto entre unos atarfes, me descubrieron pertrechado como un espía de cámara fotográfica, trípode, telescopio y prismáticos colgados al cuello. Sin mediar palabra alguna me encañonaron y me amenazaron con un incontestable ¡tú qué coño miras! que retumbó a vieja tronca hueca dentro de mí. Aún conservo la denuncia que puse en el cuartelillo de Jerez de los Caballeros. También la mirada de asombro del agente que me atendió cuando le expliqué lo sucedido.

Observando aves en el Geoparque Villuercas, Ibores, Jara
Guadalupe (Cáceres, Extremadura)

Por aquellos tiempos nos movíamos en el campo como auténticos aventureros. Apenas había información, no existía internet ni teníamos teléfono móvil; apenas había áreas naturales protegidas, ni centros de interpretación o rutas señalizadas, como las de ahora, que te llevan de la mano hasta los rincones más perdidos. Nada. Cada lugar al que viajaba para observar aves era todo un descubrimiento, cada curva de un ribero una sorpresa, cada umbría, cada risco o cada pequeña charca, el mayor de nuestros secretos.

La oferta de material óptico como la de ahora era impensable, así que nos conformábamos con nuestros prismáticos "rusos" o los pesadísimos "super-zenith", supongo que fabricados con una aleacción de hierro y plomo porque el alumino estaba reservado para esa estructura de las mochilas que te martirizaba incrustándose en la espalda o te hacía perder el saco de dormir.

Para entrar en las fincas privadas solía pedir permiso. En algunos sitios, llamémosles conflictivos, donde había especies sumamente interesantes, a veces resultaba mucho más fácil explicar al guarda o al encargado que necesitabas tomar unos datos de la finca, por ejemplo desde un vértice geodésico, más que contarles la verdadera razón de la visita. Cargado con mapas y aparatos un tanto extraños, para la gente de campo la cosa resultaba bastante convincente así que usé este eficaz método muchas veces. Era tan efectivo, tanto, que dejaban de hacer sus tareas, te acompañaban amablemente... y te fastidiaban el día. "Corchas Altas, diga usted donde sea o donde trabaje que lo pongan, que no aparece en el mapa que me ha enseñado".

Muchos vieron en las aves (aún siguen viéndolo), la razón de muchos males que afectan al desarrollo de sectores como el forestal, la agricultura o la ganadería. Que si limitaciones por aquí, que si daños por allá, que si los ecologistas, que si las personas antes que los pájaros...así que salir al campo con unos prismáticos y meterse un en rastrojo donde se alimentaban unas grullas o dar un paseo por un bosque o una dehesa podía convertirse en una práctica de alto riesgo. Recuerdo manifestaciones de agricultores encolerizados, las amenazas y la brutalidad con la que se oponían a proyectos de conservación de encinares condenados por el regadío...

Observando y fotografiando aves

Han pasado los años y los tontos de los pájaros parecemos ahora menos tontos. La sensibilidad hacia las aves ha cambiado, entre otras cosas porque reflejan de forma evidente el estado de degradación o salud del medio natural donde viven (y donde -también- vivimos nosotros). Viajamos por el simple placer de observar aves, con la misma naturalidad y pasión que el que lo hace para ver a su equipo favorito de fútbol. La gente admira ahora más que nunca a las aves, tanto que se han convertido en un recurso turístico de primer orden. Las posibilidades de desarrollo de algunos sectores turísticos en comarcas deprimidas y despobladas, donde se refugian especies interesantes que buscan la tranquilidad de rincones perdidos, agrestes y poco humanizados, parece incontestable. La celebración de una Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO) y festivales específicos, como el Festival de las grullas, donde se promociona a esta especie como recurso turístico, cumplen con creces sus expectativas de visitantes y repercusión mediática. Extremadura vende naturaleza y vende aves. La imagen de Turismo Extremadura es un logo que simboliza una cigüeña en vuelo, igual que el logo de la Red Extremeña de Desarrollo Regional (REDEX), que además cuenta con una página específica de descarga de folletos de ornitología. Prestigiosos concursos de fotografía ornitológica, como FotoFIO o el certamen fotográfico internacional "semana de la cigüeña", que se celebra en Malpartida de Cáceres, va ya por si XXIII edición. Birding in Extremadura es un portal creado por la Consejería de Turismo de la Junta de Extremadura para promocionar el turismo ornitológico en esta región y recientemente se ha presentado el Club de Producto Turístico "Birding in Extremadura", una fórmula para promocionar de forma coordinada y con criterios de la más alta calidad el producto "observación de aves" o "birdwatching".



Eso por no hablar del empuje dado desde los grupos de acción local o desde algunos programas y planes de competitividad desarrollados por las diputaciones, donde se han impartido cursos de formación y especialización en el conocimiento de las aves y sus posibilidades turísticas.

La creación (todavía incipiente) de un tejido de empresas dedicadas a ofrecer servicios de guía ornitológico o la consolidación de una red de áreas protegidas, donde las aves constituyen uno de sus principales valores y atractivos, refuerzan esta idea de recurso natural al alza, por no hablar de la profusión de blogs sobre fotografía ornitológica de un nivel extraordinario o interesantes foros de tema ornitológico.


Curso de Ornitología. Puente Ayuda. Guadiana Internacional
Plan de Competitividad Turística Guadiana Internacional

En definitiva, ahora se vende el turismo ornitológico -las aves- como un pilar fundamental en la estrategia de promoción turística de Extremadura, cuando hace unos pocos años las aves apenas tenían importancia, había otras prioridades para el desarrollo y unos cuantos tontos incomprendidos que amábamos -y defendíamos- los pájaros, ya conocíamos el extraordinario valor que tenía nuestra región desde el punto de vista ornitológico.

Ahora, después de muchos años, entran ganas de gritar muy alto a una parte mundo, -preferiblemente desde los más alto del castillo del Parque Nacional de Monfragüe, verdadero símbolo de la ornitología de Extremadura- ¡mirad lo que hemos conseguido los tontos de los pájaros!.

10 comentarios / comments / ideas / reflexiones:

A. Brugera dijo...

Que recuerdos me ha traido tu entrada.
Una realidad perfectamente explicada.
Saludos y nos vemos en la FIO

Juan Pablo Prieto dijo...

Preciosa reflexión y a la vez real reflejo del tiempo que nos ha tocado vivir a los que compartimos "más que una afición. Un abrazo

Ars Natura dijo...

Me ha gustado leer este texto, me ha traído a la memoria historias similares en otras localizaciones...
Yo todavía sigo siendo un poco raro en muchos sitios.

Nos vemos en la FIO.

ANRAFERA dijo...

Enhorabuena por tu buen trabajo y esta interesante entrada.
Saludos.
Ramón

Xabier dijo...

completamente de acuerdo, me siento plenamente identificado... podría pensar que son palabras mías.
Estupendo blog, enhorabuena

José Gordillo Caballero dijo...

Creo que nos identificamos perfectamente muchos de los que leemos tu estupendo blog con esta entrada. Afortunadamente poco a poco "los tontos de los pájaros" hemos pasado a ser "los de los pájaros"; algo es algo, pero creo que queda mucho por hacer, a pesar de tener un peso específico como recurso económico, que siéndolo, no puede ser visto como recurso económico solamente, y me temo que desde sectores de la administración es así. No vamos a enumerar ahora la cantidad de proyectos que son incompatibles con la conservación de nuestra rica fauna alada, y que tienen el apoyo institucional. Pero ya es bastante haber dejado de ser "los tontos..."
Un abrazo y espero verte por Villareal.

JM López dijo...

- ¿A contar patos? ¿De verdad que vais a contar patos?
...
Nos espetó el lugareño que gastaba sus horas vigilando el improbablñe tráfico humano de aquel camino
-¿Y os pagan por eso?
-Qué va, hombre,ójalá -sonreímos.
Silencio.
Mirada incrédula.
Silencio.
- A contar patos... -repetía para sus adentros mientras se alejaba.

Cuando había recorrido unos metros se giró para añadir algo, abrió la boca. Pero no dijo nada.
Nos miró con la misma lastima de quien contempla a un condenado camino del patíbulo y se alejó golpeando matojos con su cayado.

O tempora, o mores

Un abrazo

P.S. A ver cuándo publicas esos primitivos cuadernos rebosantes de poesías primerizas

Carlos Gil dijo...

Poco más que decir a lo que ya han comentado por aquí. Me siento muy identificado con tu texto. La pena es que algunos aprecien las aves sólo por la riqueza en euros que pueden generar pero si esa es una buena razón para conservarlas bienvenida sea.

Un abrazo.

Carlos

Jesús Chueca Zalba dijo...

Entrañable entrada. Así son las cosas ... alguna mente iluminada lo decide y ya no los son tanto esos "tontos". Ven la oportunidad, no se sabe muy bien de que y con que fines y hay que llevarla a cabo.. Por qui por Navarra más de uno de podría contar historias para no dormir sobre el tema de ornitología.
Gran entrada. Un abrazo.

Por cierto, haz el favor de mirar lo de la verificación de palabra para los comentarios que es un auténtico suplicio .. y además ahora nos ponen dos palabras para descifrar. Te aseguro que no soy un robot.

Víctor Manuel Pizarro dijo...

Querido amigo José, pienso como tú. Yo nunca vi las aves sólo como recurso turístico, para mí el valor de las aves tiene otro significado más emotivo, porque las amamos por lo que son y por lo que han significado en nuestras vidas desde que éramos unos chavales.
De todas maneras, sería bueno que calara -de verdad- esa conciencia de recurso. Dinamizaría un poco el agonizante mundo rural y, tal vez, no cuajarían proyectos como los que comentas, al menos en zonas sensibles claramente identificadas, incongruentes muchas veces con los deseos de potenciar las aves como recurso.
¡Un abrazo!
Víctor