El arte rupestre de tipo esquemático es particularmente abundante en Extremadura donde se han catalogado gran número de abrigos o estaciones rupestres: serranías de Monfragüe, las Villuercas, La Siberia-Serena, Hornachos, Oliva-Peñas Blancas, San Serván o Alburquerque.
En la pintura esquemática las figuras quedan simplificadas a sus elementos más significativos e imprescindibles. Este tipo de expresión artística ya no nos habla de sociedades de cazadores-recolectores, sino de sociedades más complejas donde la temática de índole abstracto parece más propia de sociedades organizadas y productivas.
Aunque parece clara su extensión por una amplia cronología que abarca entre 4.000 y 5.000 años, los momentos culminantes de la pintura esquemática se sitúan entre el Calcolítico (o Edad de Cobre, 3.000-1.900 a.C.) y la Edad de Bronce (1.700-800 a.C.).
En la Sierra de Las Villuercas se han catalogado alrededor de 30 estaciones, cifra que nos habla de una importante actividad humana en la zona. Los abrigos se ubican en crestas y cumbres cuarcíticas (entre los 450 m y 1.100 m de altitud), normalmente en las cercanías de collados desde donde se dominan grandes extensiones de terreno, en especial valles, cuencas fluviales y vías de comunicación. Un caso espectacular lo constituye el desfiladero del río Ruecas, que a lo largo de 12 kilómetros de su curso alto, aparece flanqueado por numerosos yacimientos.
Las pinturas suelen encontrarse en abrigos o concavidades naturales de las rocas, paredes verticales expuestas al aire libre y, más raramente, en cuevas más o menos profundas.
Los motivos predominantes son los más esquematizados, como barras, puntos y trazos. También hay representación de soles o manos, figuras humanas (antropomorfos) y de animales (zoomorfos), de aspecto más detallado o naturalista.
Las pinturas más naturalistas reflejan acontecimientos de la vida cotidiana, donde se observan escenas de ganadería, pastoreo o caza. Otras, tratan de explicar gráficamente ideas o creencias más o menos trascendentes, como cultos a la fertilidad y fecundidad, ceremonias de carácter religioso o espiritual, etc. de la que formarían parte los motivos más esquematizados y abstractos
El cromatismo es el aspecto más interesante de los conjuntos villuerquinos. En las figura predominan los colores ocre y rojizo, pardo, terroso, violáceo, anaranjado, rojo pálido, rojo vino (el más utilizado)…variantes que vendrían condicionadas por el tipo de óxido de hierro empleado en la preparación de las pinturas.
La pinturas fueron realizadas a base de tintas planas, cuyos tonos debieron ser elaborados con pigmentos naturales obtenidos de forma natural (óxidos de hierro y manganeso, calizas o arcillas blancas, carbón vegetal), y disueltos en alguna sustancia aglutinante como agua, aceite, grasa animal, clara de huevo, sangre…
El color debía ser aplicado con pinceles de cerda o pelos de animales o utensilios similares, utilizándose con frecuencia los dedos mojados en pintura.
Los colorantes fueron asimilados por la roca en un proceso de adsorción e impregnación que ha permitido su pervivencia hasta la actualidad aunque, en general, presentan un mal estado de conservación, desvaídas, deterioradas o mutiladas.
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